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Lavado en frío: lavar mejor, consumir menos

Lavado en frío: qué significa realmente
Empecemos por una situación muy habitual. El cesto de la ropa lleva un par de días lleno. Hay calcetines, camisetas, vaqueros, una camisa, una toalla y quizá alguna prenda clara mezclada con las de color. Miramos los programas de la lavadora y todos parecen más o menos iguales: algodón, sintéticos, delicados, eco, rápido, lana, mixtos…
Al final elegimos cualquiera. Normalmente el más corto. O simplemente el que siempre utilizamos, porque sabemos que nunca nos ha dado problemas.
En este contexto algo confuso, lavar en frío significa simplemente lavar a baja temperatura, normalmente entre 20 °C y 30 °C, sin calentar realmente el agua. No significa lavar peor ni limitarse a «aclarar» la ropa, sino permitir que la lavadora haga su trabajo sin utilizar agua caliente cuando realmente no es necesario.
Es una decisión consciente, un pequeño cambio de enfoque y de hábitos.
Hoy sabemos que la mayoría de las prendas que usamos a diario rara vez están realmente sucias; en la mayoría de los casos simplemente necesitan refrescarse.
La costumbre de lavar la ropa y los textiles del hogar a altas temperaturas proviene de otra época, cuando el trabajo era principalmente manual, físicamente exigente y, por tanto, mucho más sucio.
Una camiseta utilizada en la oficina, una sudadera que queremos volver a guardar limpia o un par de vaqueros que solo hemos llevado un par de veces: en situaciones como estas, el lavado en frío suele ser más que suficiente. De hecho, cuando hablamos de denim, conviene ser todavía más cuidadosos. En Inspiring ya hemos publicado una guía dedicada al lavado y secado de los vaqueros, donde uno de los principales consejos es lavarlos con la menor frecuencia posible.

Lavado en frío: por qué la temperatura marca la diferencia
La idea de que el agua caliente limpia mejor está muy arraigada, y no sin motivo. Un mantel con manchas de salsa, paños de cocina muy sucios o sábanas que necesitan una higiene más profunda requieren temperaturas de lavado más elevadas.
Pero también es cierto que el agua caliente puede someter los tejidos a un estrés innecesario. Puede hacer que las prendas oscuras pierdan color más rápidamente, encoger determinadas fibras o deteriorar estampados y aplicaciones. Poco a poco, una prenda cambia tanto de aspecto como de textura. Es una transformación gradual: al principio apenas la percibimos, pero una vez iniciada resulta difícil detenerla.
Y entonces, casi de repente, nos damos cuenta de que aquella camiseta negra se ha desteñido, que el índigo de nuestros vaqueros ha perdido intensidad o que nuestra sudadera favorita ya no es tan suave como antes. Naturalmente non sono le conseguenze di un solo lavaggio sbagliato, ma di tante piccole scelte ripetute senza pensarci troppo. Naturalmente, estos cambios no son consecuencia de un único lavado incorrecto, sino del resultado de muchas pequeñas decisiones repetidas a lo largo del tiempo sin prestarles demasiada atención.
Desde este punto de vista, lavar en frío es una forma de cuidar las prendas que más apreciamos, ayudándolas a conservar su aspecto y prolongando su vida útil.

Cuándo el lavado en frío es la mejor opción
El lavado en frío funciona especialmente bien con prendas poco sucias o con aquellas que queremos proteger: camisetas, camisas ligeras, vaqueros, sudaderas, ropa de color, tejidos sintéticos y prendas delicadas.
También es una excelente opción cuando nos preocupa que un color pierda intensidad o que un tejido reaccione mal al calor. Para saber cómo debemos actuar, bastaría con leer la etiqueta de cuidado. Sin embargo, lo más probable es que la hayamos cortado en cuanto compramos la prenda porque molestaba, ocupaba espacio o estaba llena de símbolos e instrucciones que parecían interminables e incomprensibles. Al fin y al cabo, pensamos, el algodón siempre es algodón, el poliéster de la ropa técnica siempre es poliéster y la lana siempre es lana.
Aun así, hay algunas indicaciones que merece la pena seguir, como la temperatura máxima que esa prenda puede soportar.
Y si queremos ser realmente prácticos, hay otro aspecto que conviene tener en cuenta: la factura de la electricidad.
Una parte importante de la energía que consume una lavadora se utiliza precisamente para calentar el agua. Siempre que sea posible, lavar a temperaturas más bajas significa consumir menos energía en cada ciclo. Se ahorra dinero, se preservan los recursos y se reduce el impacto sobre el medio ambiente. Si imaginamos que cada vez más personas adoptan este pequeño hábito, resulta fácil comprender el efecto positivo que puede tener en nuestra vida cotidiana y en el futuro de todos.
Hacer la colada puede parecer un gesto insignificante, pero incluso las acciones más pequeñas adquieren un gran valor cuando las repetimos una y otra vez.
© John Thomas via Unsplash

Cuándo el lavado en frío no es suficiente
Naturalmente, el lavado en frío no debe convertirse en una regla absoluta.
Cuando la ropa está muy sucia, presenta manchas de grasa, malos olores persistentes o se trata de toallas muy utilizadas, ropa de cama, ropa interior o prendas con necesidades higiénicas específicas, es necesario recurrir a temperaturas de lavado más elevadas.
Cuidar correctamente la ropa respetando los tejidos no significa utilizar siempre el mismo programa, sino elegir en cada ocasión el ciclo más adecuado según el tipo de tejido y el nivel de limpieza e higiene requerido.
Por eso es importante clasificar previamente las prendas según su tejido y su grado de suciedad, utilizar detergentes adecuados para las distintas temperaturas y seguir las indicaciones de la etiqueta de lavado. Sí, precisamente esa etiqueta que muchas veces hemos tirado.
También solemos olvidar que la sostenibilidad de una prenda no depende únicamente de cómo ha sido fabricada, sino también del tiempo que conseguimos mantenerla en uso. Cuando la lavamos de forma inadecuada, pierde color, forma y textura. Y cuando una prenda envejece antes de tiempo, es mucho más probable que termine formando parte de la cultura del usar y tirar. Siempre que sea posible, el lavado en frío ayuda precisamente a ralentizar este proceso. Menos prendas que sustituir significa también menos prendas que fabricar, transportar y, tarde o temprano, desechar.



Lavado en frío, denim e industria: la misma idea a mayor escala
Hasta ahora hemos observado el lavado desde la perspectiva de nuestra lavadora doméstica. Pero en la industria de la confección, el lavado no sirve únicamente para limpiar una prenda: también la transforma creativamente, define su estilo y contribuye a construir la identidad de una marca.
Pensemos en los vaqueros. Ese aspecto ligeramente desgastado, las sombras que aparecen junto a las costuras o el efecto used look, que parece natural pero en realidad no lo es, son el resultado de procesos específicos de lavado y acabado. Durante muchos años, estos efectos requirieron tratamientos muy intensivos en agua, energía, productos químicos y piedras abrasivas.
Hoy, sin embargo, el sector está siguiendo un camino diferente. Un buen ejemplo es el legado de Adriano Goldschmied, fallecido recientemente, una figura clave en la consolidación del denim italiano a nivel mundial y que, en los últimos años de su trayectoria, impulsó con convicción una transformación de la industria basada en una visión más estratégica y sostenible.
Es aquí donde entran en juego las tecnologías de Tonello. El sistema Laundry (R)evolution nació precisamente para replantear los procesos de lavado y acabado de las prendas de una forma más eficiente y sostenible. Tecnologías como EGO, basada en el ozono, o NoStone®, diseñada para conseguir auténticos efectos stone wash sin utilizar piedra pómez, permiten obtener el resultado deseado reduciendo algunos de los procesos más intensivos desde el punto de vista ambiental. También a escala industrial, el lavado puede dejar de depender de la fuerza del agua, del calor, de los productos químicos o de la abrasión para convertirse en un proceso mucho más preciso y coherente con lo que hoy esperamos de la ropa: prendas atractivas, sí, pero no a cualquier precio.


Lavado en frío: el valor de un gesto aparentemente sencillo
El lavado en frío parte de una pregunta muy simple: ¿podemos obtener un buen resultado utilizando menos energía y tratando mejor nuestras prendas?
La respuesta no es absoluta. En muchas ocasiones sí, pero no siempre, no con todas las prendas y no en cualquier situación. Sin embargo, ocurre con la suficiente frecuencia como para convertirlo en un hábito que merece la pena adoptar.
Al final, se trata de convertirnos en usuarios más conscientes de nuestra lavadora, dejando de verla como un electrodoméstico que decide por nosotros. Bajar la temperatura de lavado, cuando tiene sentido hacerlo, nos invita a observar mejor nuestras prendas, a distinguir entre la suciedad real y la simple necesidad de refrescarlas, y a dejar de utilizar siempre la misma solución para situaciones diferentes.
Quizá la próxima vez que abramos la lavadora y nos encontremos con la habitual mezcla de colores, tejidos y dudas, ya no elegiremos un programa al azar.
Y ese ya sería un excelente comienzo.
¿Quieres saber más sobre el lavado y el acabado de prendas o descubrir cómo aplicar las tecnologías de Tonello a tus procesos productivos? Escríbenos a [email protected].
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